10 de diciembre de 2008

23 y 23-A: Retrasos, apretones y malos humos en el primer día.

Se cumplieron las previsiones. Las que decían que el martes iba a explotar la indignación de los usuarios de las nuevas líneas 23 y 23A.

Para Rosa la grabadora es una cerilla que se acerca a la mecha de su enfado: «Tengo que estar en la plaza de Pontevedra a las 9 para trabajar -decía a las 8.50-. Hoy, este bus tendría que llegar a Novo Mesoiro supuestamente a las 8.15. Y llegó a las 8.30. Llevamos 20 minutos en el trayecto, el bus va a reventar porque vamos como sardinas y, además, se queda gente en la parada».

Se refiere a las mujeres que en la parada del Birloque decidieron esperar al siguiente bus, al ver que dentro no cabía ni un alfiler. «Es vergonzoso - insiste Rosa, que echa en falta el 21, aún con sus deficiencias-. Nos ofrecen este cambio como dándonos un caramelo para mejor. Y es muchísimo peor».
Las palabras de Rosa resumen el malestar de los usuarios del bus 23 y 23-A. Mujeres jóvenes en su mayoría lo emplean para ir al trabajo y, claro, si los minutos pasan sin que se llegue a la hora surge la desesperación.

A Tamara, que cogió el bus a las 8.30 en Novo Mesoiro, le llama su jefe a las 9.05. «Estoy en el bus, que los cambiaron y viene con retraso», le explica. Nicolás, a su lado comenta frustrado que no podrá coger el enlace con el bus de Lugo: «Eu vou a traballar a Lugo tódolos días e hoxe chega o bus 15 minutos máis tarde e te quedas aquí. Isto debería estar coordinado para poder facer transbordos».

Las cosas ya no pintaban bien en la parada. Las 25 personas que, a las 8.20, aguardaban en Novo Mesoiro veían como pasaba un bus sin detenerse. Luego otro. El tercero paró. «Que no pongan esos letreros del día sin coche. Que pongan autobuses y líneas para que la gente deje el coche. Es que es de coña. Yo porque trabajo en el centro y no hay donde aparcar, que si no...», decía Yolanda Ferreiro.

Ya dentro del bus, Cristina Vizoso explicaba su visión de la información que le proporcionaron. «Llamé para preguntar a qué hora pasaba el bus y me indicaban la ruta. Yo quería saber el horario: 'No sé, tendrás que probar los primeros días'. ¿Y a mi jefe, qué le digo que estoy probando horarios también?».

Carmen Molina, que se subió al 23 en el pueblo de Mesoiro, aseguraba estar esperando desde las 7.30. Su parada es una de las afectadas por el desdoblamiento de la línea. Tranvías asegura que entre las 7 y las 10 pasaron 9 buses, de los que la mitad realizaron esa parada. «Normalmente lo cojo a las 7.40 para estar a las ocho en el trabajo -decía- y ya llego una hora y media tarde. Estoy heladita de frío. Estábamos cuatro en la parada desesperados, es que es increíble».

Cuando paga con su tarjeta, se adentra, ve el abarrote, se queda sorprendida: «Esto va a tope, nunca va a así. Algo tuvo que pasar aquí. Yo llamé el 010 y me dijeron que hiciera una queja a través del Ayuntamiento».

Una mujer insiste en no dar su nombre. Sí da su solución. Y en voz alta: «A ver, ¿cambiaron isto e que fixeron? Nada, non vale para nada. ¿ É que era tan difícil mandar o 21 a praza de Pontevedra ou a de Ourense e deixar o 23 como estaba? Digo eu. Parece que non era tan difícil pero, visto o visto, parece que non»

Fuente: La Voz de Galicia

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