22 de septiembre de 2015

Recuperamos entrevista a Manuel Cereijo: uno de los últimos conductores de trolebús de Tranvías.

En estos dos últimos días hemos sido afortunados y hemos tenido la suerte de descubrir algunos documentos busurbanos que nos han sorprendido agradablemente y reconfortado enormemente. En el intento de descifrar y situar cronológicamente esas imágenes, hemos tenido la oportunidad de "debatir" e intercambiar informaciones y datos con gente muy interesante.

Y por esos reviricuetos de la vida, hemos dado de nuevo con una entrevista con alguien relacionado con algunos de nuestros interlocutores. Podéis creernos si os decimos que teníamos este artículo de La Opinión en nuestros borradores, presto y dispuesto para reproducirlo en su día por acá, pero por alguna misteriosa razón, se nos quedó en el tintero...

Lo curioso es que..., mirando la fecha, resulta que esta entrevista que realizó Gemma Malvido a Manuel Cereijo, se publicó... tal día como hoy del año 2013! Tal día como hoy!

Esa "señal" ha hecho que nos hayamos dicho "de hoy no pasa", y querríamos que sirviese de "homenaje" a un trabajador de Tranvías de Coruña, Manuel Cereijo, que ostenta -con orgullo, damos por supuesto- el honor de ser uno de los últimos conductores del trolebús coruñés.


 He aquí el documento:

"A mí me gustó mucho conducir, pero ahora soy feliz yendo en el autobús"
"Empecé de conductor en la Compañía de Tranvías, pero hice de todo. Cuando el Ayuntamiento no pintaba las paradas, lo hacía yo. En Monelos me pusieron una grúa y monté las marquesinas"


"Mi vida es la de un trabajador, no sé qué quieres que te cuente", dice Manuel Cereijo, uno de los últimos conductores de trolebús de la ciudad y chófer, durante años, de los buses urbanos. Su vida es la de un trabajador, pero es también memoria viva de la Compañía de Tranvías. Conducía, pero también montaba cuadrillas con sus compañeros para armar las marquesinas y pintar las paradas olvidadas.

En 1972 recibió una felicitación de su empresa por no haber tenido nunca un golpe mientras conducía un trolebús. "Tuve suerte", sentencia

Habla de sus años como trabajador con la ilusión del que siempre ha hecho lo que le gustaba. Manuel Cereijo se jubiló de la Compañía de Tranvías hace ya más de una década, pero guarda todavía una carta que le enviaron en 1972 felicitándole por no haber tenido nunca un golpe con un trolebús.

-¿Cómo era su trabajo en la Compañía de Tranvías cuando empezó?

-Entré a principios de 1964. Antes, yo estaba en la empresa Oriente y hacía el servicio de A Coruña a Betanzos. Un día viajó conmigo el jefe de personal, que yo no lo conocía, y me dio una tarjeta. Yo entonces tenía el mejor coche de Cal Pita, era impresionante, con cristal por arriba y todo. Hasta hacía viajes al extranjero, pero quería una tranquilidad y me fui para Tranvías.

-Allí ya había trolebuses.

-Sí, teníamos los ingleses, los cortados, los de dos pisos, los Vetra, los que les llamábamos Coreanos pero que eran Hispano-Suíza, y el Pegaso. En aquellos tiempos había muy mal material, sobre todo el Coreano, que era malísimo, le frenaba una rueda sola, porque tenía mal regulados los frenos. Pero después, en el año 1966 vinieron dos autocares nuevos, el 1 y el 2 y, a mí me cogieron para uno de esos.

-Y ya era otra cosa, ¿no?

-Bueno, yo estaba bien con el trole, le cogí el truco. Daba las curvas por dentro para que no se soltasen las pértigas, por ejemplo. Tuve la suerte de que nunca hice un parte, pero fue suerte porque todos tenían roces y accidentes.

-¿Cómo iban los pasajeros en los troles?

-Apiñados. No es como ahora, iban 80 o 90 personas en un coche más pequeño que los de ahora. Las ventanillas no se abrían... Esto mejoró mucho, porque después compraron los Mercedes, que no daban ningún trabajo, ni mantenimiento necesitaban.

-¿Y quién viajaba?

-Era un transporte obrero, aunque había gente bien que cogía mucho el número 1 que iba a Puerta Real por Los Cantones. Yo trabajé mucho en esa línea y siempre iba muy contento porque me gustaba mucho lo que hacía.

-¿Cómo recuerda el cambio de los trolebuses a los autobuses?

-Fue paulatino. Un día se eliminaba una línea, después otra...

-¿Cómo se tomaron los usuarios este cambio?

-Bien, porque se mejoraba y la gente estaba más contenta. Los coches eran nuevos y era otra cosa. Con los trolebuses, cuando se marchaba la corriente, paraba toda la ciudad, era un caos y, con los autobuses no, ya no había aquellos atascos. Fue muy bueno para la ciudad.

-¿Los precios subieron con el cambio o se mantuvieron?

-Se mantenían porque para subir los precios había que esperar por la autorización del Ayuntamiento.

-¿De qué anécdota se acuerda más de sus años detrás del volante?

-De una de miedo. Una vez, venía en un Pegaso con 80 o 90 personas, por la cuesta de La Unión y vi que no llegaba aire al compresor y, sin aire, no frenaba, así que tomé una decisión rápida, que fue meterme hacia el parque de Santa Margarita y esa fue nuestra salvación, porque si llego a bajar la cuesta sin frenos habría una catástrofe. Eso no se me olvidará en la vida.

-¿Cómo era el tráfico en la ciudad entonces?

-Había mucho menos y viajaba tanta gente en los troles y los buses porque no había coches. Yo ahora soy feliz yendo en el bus. A mí me gustó mucho conducir pero ahora ya no, porque no se va tranquilo con el coche a ningún sitio y no me gusta andar pendiente del aparcamiento ni de dónde dejo el coche.

-Y después pasó para los talleres de la empresa.

-Yo empecé de conductor, pero yo hice de todo allí. Cuando el Ayuntamiento no pintaba las paradas lo hacía yo. Cogía a unos compañeros y nos íbamos a pintar o a montar marquesinas. En Monelos me pusieron una grúa y monté las marquesinas y los indicadores de las paradas, que no había... Y yo lo pasaba bien porque me pagaban y me gustaba.

-¿Le gustan los buses de ahora?

-Son de lo mejor que hay.

-¿Cuál fue el autobús que más le gustó de los que ha conducido?

-Cuando más disfruté fue con la empresa Oriente. Con el Pegaso 165. Tenía un cambio detrás del cambio, reductora y cambio y yo lo hacía todo a la vez. Ahora pisan el acelerador y cambian solos, pero entonces había que escuchar el ruido del coche y no entraban las marchas si no combinabas la velocidad del motor con la del coche y yo lo hacía porque me gustaba. Para trabajar tienes que buscar una cosa que te guste...
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Lo cierto es que dan ganas de coger a estos héroes de la ruta urbana y reunirlos, y a partir de ahí, escribir un libro! :-D
Vaya usted a saber si será nuestro próximo proyecto...!

Fuente La Opinión de A Coruña / Gemma Malvido
Imagen: Carlos Pardellas

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