6 de marzo de 2017

@AntiaDiazLeal nos describe la vida en siete paradas del #BusUrbano de #Coruña.

Pequeñas piezas literarias con el trasfondo del bus urbano, siempre cargadas de autobiografía, de realidad cotidiana, de familiaridad, de sencilla identificación con el escenario y la acción... Por cierto, si deseáis participar en un concurso de índole parecida, tomad nota al final del post.

Por nada queremos perder estas letras, por lo cual, atemporalmente, le hacemos obligado hueco en este Blog Busurbano. Sin más, aquí la pequeña obra maestra de Antía Díaz Leal:

La vida en siete paradas.

Todos los días a la misma hora, media docena de personas nos subimos en el mismo bus. Otra media docena ya están dentro. Entre ellas, una mujer que a esas alturas del recorrido cada día lee las páginas de opinión de La Voz de Galicia. Siempre. Conmigo sube el señor de la cartera. Me intriga esa cartera y su misterioso contenido. Una vez, en un trayecto de vuelta, el señor se quedó completamente dormido. Pero en su profundísima siesta, se las apañaba para sujetar con fuerza el maletín y a sí mismo contra la barra en maravilloso equilibrio. Él y su cartera saludan a otra de las parroquianas cada mañana. Si hay sitio, se sientan juntos y hablan no muy alto, como la gente mayor que procura que sus conversaciones en sitios públicos sigan siendo privadas. Públicas, publiquísimas, son las de los adolescentes que van camino de clase y de cuya vida sé más en un viaje que de la mía propia.

Ahora que he descubierto que el bus es la mejor biblioteca de la ciudad para leer con calma, viajo parapetada detrás de un libro. Aunque la tentación de las pantallitas es contagiosa. Si hoy cogen un bus, sumen cuántos pasajeros viajan móvil en mano. Hasta el Candy Crush que creíamos que habían matado los pokémon sigue vivo en los buses. Muy vivo. Y el whatsapp y todas las cosas que terminan en app. Los adolescentes comparten auriculares (y asientos y lo que haga falta) enchufados al móvil. Enganchados a las pantallas y sus encantos, se nos escapa la ciudad y el compañero de asiento, que el azar es caprichoso, dice Serrat, y sabe dios en qué parada se ha de detener el autobús para regalarnos una nueva persona, un nuevo rincón de la calle que no conocíamos, un anuncio del que será el piso de nuestra vida, o el titular del día.

Vais por el mundo sin mirar, nos decía en el colegio la madre María Antonia. Qué pensaría hoy de lo mucho que miramos...las pantallas. La vida debe ser, ahora, lo que pasa mientras revisas las fotos del último instagramer, entre Juan Flórez 56 y Cuatro Caminos, por ejemplo.

Ahora que amanece tan temprano que el camino al trabajo se hace aún de día, acabo de descubrir que no hay mejor manera de absorber la ciudad que ver cómo se despierta a través de la ventanilla del bus. Se escurre el libro, se guarda el móvil, y por el cristal aparecen las mochilas de los niños que van a madrugadores, las prisas de quienes tratan de evitar el inevitable atasco que está por llegar, las rejas a medio levantar, los primeros cafés de la mañana en las mesas del bar de toda la vida de esa esquina, los artículos del periódico que saben mejor a esa hora, una estudiante que se frota el ojo entrecerrado por el sueño. Hay un universo encerrado en este bus, y nos lo estamos perdiendo.
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¿Tenéis una vena literaria que desarrollar? Para empezar, si nos queréis enviar alguna creación para publicar en alguna sección del Blog busurbano, podemos inaugurarla con vuestras aportaciones. 

Y a otro nivel, probad con el reto de la EMT de Madrid, que nos anima a participar en el certamen de microrrelatos y microvídeos “La bici es bella” para celebrar el aniversario de la bicicleta y el papel actual de BiciMAD en la movilidad urbana sostenible en la ciudad de Madrid. La temática debe estar relacionada con el sistema público de bicicleta eléctrica BiciMAD, gestionado por la EMT. Es hasta el 15 de marzo!


Fuente:
#CrónicasCoruñesas de La Voz de Galicia por @AntiaDiazLeal; Nov-2017,
@EMT_Madrid

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