Nos vamos a tomar la libertad de replicar, guardar, cobijar o atesorar esta pieza de Antía Díaz Leal, ubicada en las "Crónicas Coruñesas" de La Voz de Galicia. Si queréis aportar, comentar, compartir, sois bienvenid@s :)
El título ya nos sitúa en una tesitura que nos resulta cada vez más familiar en estos tiempos...:
Perder la paciencia.
El 21 se paró después de cruzar la calle Ferrol. Apenas entraba en Rosalía de Castro cuando una pequeña furgoneta, aparcada junto a una de las terrazas, obligó a frenar. De la furgoneta bajó un chico, entró corriendo en un local y tardó tal vez dos minutos, tres como mucho. El bus no iba muy lleno, pero todas las cabezas se estiraron para descubrir qué ocurría. Hubo un murmullo, apenas. Me pregunto si habría ocurrido lo mismo a otra hora, más tarde, cuando el bus estuviera lleno de gente cansada. Del trabajo, del día, de este frío de mayo. A veces un bus lleno de gente se parece a las redes sociales, en las que es tan fácil expresar tu opinión en voz alta. No es que en el bus seas anónimo, ¿pero cuánta gente se va a acordar de tu cara si se cruza al día siguiente contigo? Solo eres una persona más, así que puedes soltar tu molesta opinión como si nada. Pero no era el caso, el día del 21. Cuando el chico se subió corriendo a la furgoneta y arrancó, el bus siguió su camino sin más. Ni dos minutos de retraso sobre el horario de llegada a Juana de Vega que marcaba la aplicación.
Alguien me contaba esta semana que los niños de hoy no conciben que las cosas no sean inmediatas. No tengo tan claro, le decía, que sea una cuestión de edad. Pensaba en esto en otro cruce, el de Juan Flórez con Médico Rodríguez. Se había formado un atasco y los coches no avanzaban. La conductora de uno de ellos, parada en medio del paso de peatones, soltó dos tacos y gritó: «¡En esta ciudad es imposible moverse!», mientras daba golpes al volante. En el asiento de atrás viajaba un cativo. Luego diremos que son ellos los que no tienen paciencia. Si en algún lugar entre la plaza de Pontevedra y Alfonso Molina la perdimos los mayores.
Antía Díaz Leal, Crónicas Coruñesas, La Voz de Galicia

